En aquel lejano 1960.
Al escuchar la frase “En aquel lejano 1960” y analizarla un segundo, me
doy cuenta que en realidad han pasado muchos años desde la fecha, sin embargo
es el tiempo donde mis contemporáneos llegamos al mundo, nacimos “En aquel
lejano 1960”, o al menos en esa década, si lees esto y eres de la época del
2000 aun estas descubierto de mis palabras, pero pasará lo que obligatoria mente
tiene que suceder, porque el tiempo es un viejo
rencoroso que no respeta a la vida, presunto poseedor orgulloso de la
inmortalidad que como seres humanos no conocemos aún.Cuando éramos chicos, nuestro mundo era
perfecto, o lo parecía, la escuela era el centro de reunión que encerraba las
tonterías de nuestras platicas con los amigos, los 3 tiempos de comida se
nos servían sobre la mesa, los 5 ó 10 córdobas guardados en nuestros bolsillos
y que no suponían diferencia de clases sociales era nuestro presupuesto para
comprar la felicidad que una Coca Cola de las pequeñas, una bolsista de “chiquito
s”, o en el peor de los casos un “emparedado” nos pudiera dar, junto con las hamburguesas
eran el complemento para una alimentación no nutritiva pero exquisita para
nosotros.El deporte el pasaporte a la diversión, el
dueño de la bola el consentido y capitán del equipo, tus amigos los vecinos del
barrio, y las bases se construían con mochilas, piedras,
adoquines y mucha imaginación (esto según el lugar del
partido).Las caídas de la vida se
limitaban a heridas en las rodillas, los problemas eran cosa de las matemáticas, los enfados duraban poco menos de medio día, tal vez uno completo
si nos sacaron la lengua, y la felicidad llegaba a las 12:00 y 5:30 dependiendo
del turno.
El amor se reducía la cara de una niña
bonita, el noviazgo se solicitaba por escrito en papel con el amigo del conecte, el gran beso se consumaba en un tímido acercar de los labios y
el final de la relación… ese no lo recuerdo muy bien, creo que la amiga de tu
novia te lo hacía saber en recreo.La televisión era la gloria y los canales
se restringían a los que contenían dibujos animados, las noticias eran
aburridas cosas de grandes, el alcohol tenia funciones
únicamente medicinales, la bicicleta el medio de transporte propio,
y 007 el juego que marcó nuestros años en la consola.Los libros eran cosa de la
escuela y no una filosofía de vida, Neruda,
Cortará y Darío los señores a conocer cada día, la libertad la
experimentábamos con el campo libre del profesor de educación física, y nuestra
responsabilidad más grande fue cumplir las 60 horas ecológicas que nos
exigieron.
Aquellos eran los días de
nuestra vida, simples, sin complicaciones, sin dramas ni preocupaciones.Después enviamos correo por Yahoo! Mail,
chateamos por Messenger de Hotmail y nos publicamos imágenes por Hi5 porque no
conocimos Facebook sino hasta los 14 años (en el mejor de los casos). Internet era ese sistema costoso que se encontraba en los Cyber
con Windows y el
teléfono un ladrillo Nokia, si acaso teníamos teléfono.Conocimos Facebook, nos enamoramos de
Facebook, éramos “fans” de las paginas, y cuando logramos tenerlo en el móvil publicamos
locuras cada 5 minutos (o lo seguimos haciendo como yo) en aquel entonces un
like a una publicación representaba leer todas las notificaciones que llegaban
una por una hasta que finalmente y sin saberlo comenzamos a crecer.La universidad nos delegó nuevas
exigencias, cambio de hogar y ciudad, todo por buscar algo un poco mejor de lo
que teníamos alrededor, los amigos de toda la vida se
convirtieron en salidas de fines de semanas, y la
matemática ahí se volvió una total desconocida.Un día nos despertamos y
comenzamos a observar aquellas cosas obvias que hasta el momento eran
invisibles a nuestros ojos, la vida comenzó a teñirse de sepia entre problemas
que antes parecían desapercibidos y situaciones que ahora comenzaban a tener
sentido.Percibimos la mirada agotada de
nuestro padre, y las manos cansadas de tanto trabajar de nuestra madre, la energía eléctrica, el agua potable, la televisión por cable,
resultaron que no eran gratis, los dibujos animados hablaban tonterías ahora,
la privacidad se convirtió en una exigencia y el noviazgo comenzó a ser algo
más que esbozos de corazones. ¿Es acaso una ley de la vida
que la simplicidad de la misma sea inversamente proporcional a la edad? La felicidad comenzó a esconderse y hasta convertirse en
un tema de superación personal contenida en un sin número de libros
aseguran cómo encontrarla, el dinero pasó de ser un lujo a una necesidad, las decepciones amorosas se pusieron a la orden del día, dejamos
en el camino a personas que creímos nos acompañarían por siempre. Descubrimos que existe una vida más allá
del Smartphone, de la TV y de la Tablet. La lluvia ya no era el llanto del
cielo, dejaron de despertarnos por las mañanas, dejamos de creer en las
verdades que nos habían impuesto y relegamos los
sueños solo a ser algo de la noche.Llegamos a saber que hay guerra en otros
países, que el hambre es un problema que afecta al mundo y que el rostro de tus amigos estaba cambiando, el dilema
futbolista se redujo a Ronaldo y Messi, la comida ya no siempre estaba
servida en la mesa, y los estudios era la
única excusa que teníamos para sobrevivir.Comenzamos a vivir, a observar,
pensar y madurar, empezamos a descubrir, a llorar de verdad, a decepcionarnos y
a enojarnos no por momentos sino por una eternidad.La vida dejó de ser una
aventura de episodios nuevos y pasó a una rutina con horarios establecidos, la política comenzó a ser un tema de conversación, los gobiernos
se aprovechan de los ignorantes, las salidas se guardaron para
después y la melancolía llego esporádica mente en momentos
libres.
Una Navidad dejamos de recibir regalos y
comenzamos a obsequiarlos, recibimos sobrinos ahijados e incluso hijos. Una tarde nos sentamos en la acerca a observar como los niños
corrían por las calles y pensamos que la vida estaba pasando de generación.Una mañana nos miramos frente al espejo y
observamos lo que el tiempo había hecho con nosotros, las cicatrices como evidencia de lo vivido, el cabello
diferente y los ojos como testigos de todo lo que pasamos.Un día creímos saber lo que era
vivir de verdad, hicimos una pausa y pensamos que, a pesar de todo, la vida
sigue y seguirá pasando.
Aquellos eran los días de
nuestra vida, simples, sin complicaciones, sin dramas ni preocupaciones.Después enviamos correo por Yahoo! Mail,
chateamos por Messenger de Hotmail y nos publicamos imágenes por Hi5 porque no
conocimos Facebook sino hasta los 14 años (en el mejor de los casos). Internet era ese sistema costoso que se encontraba en los Cyber
con Windows y el
teléfono un ladrillo Nokia, si acaso teníamos teléfono.Conocimos Facebook, nos enamoramos de
Facebook, éramos “fans” de las paginas, y cuando logramos tenerlo en el móvil publicamos
locuras cada 5 minutos (o lo seguimos haciendo como yo) en aquel entonces un
like a una publicación representaba leer todas las notificaciones que llegaban
una por una hasta que finalmente y sin saberlo comenzamos a crecer.La universidad nos delegó nuevas
exigencias, cambio de hogar y ciudad, todo por buscar algo un poco mejor de lo
que teníamos alrededor, los amigos de toda la vida se
convirtieron en salidas de fines de semanas, y la
matemática ahí se volvió una total desconocida.Un día nos despertamos y
comenzamos a observar aquellas cosas obvias que hasta el momento eran
invisibles a nuestros ojos, la vida comenzó a teñirse de sepia entre problemas
que antes parecían desapercibidos y situaciones que ahora comenzaban a tener
sentido.Percibimos la mirada agotada de
nuestro padre, y las manos cansadas de tanto trabajar de nuestra madre, la energía eléctrica, el agua potable, la televisión por cable,
resultaron que no eran gratis, los dibujos animados hablaban tonterías ahora,
la privacidad se convirtió en una exigencia y el noviazgo comenzó a ser algo
más que esbozos de corazones. ¿Es acaso una ley de la vida
que la simplicidad de la misma sea inversamente proporcional a la edad? La felicidad comenzó a esconderse y hasta convertirse en
un tema de superación personal contenida en un sin número de libros
aseguran cómo encontrarla, el dinero pasó de ser un lujo a una necesidad, las decepciones amorosas se pusieron a la orden del día, dejamos
en el camino a personas que creímos nos acompañarían por siempre. Descubrimos que existe una vida más allá
del Smartphone, de la TV y de la Tablet. La lluvia ya no era el llanto del
cielo, dejaron de despertarnos por las mañanas, dejamos de creer en las
verdades que nos habían impuesto y relegamos los
sueños solo a ser algo de la noche.Llegamos a saber que hay guerra en otros
países, que el hambre es un problema que afecta al mundo y que el rostro de tus amigos estaba cambiando, el dilema
futbolista se redujo a Ronaldo y Messi, la comida ya no siempre estaba
servida en la mesa, y los estudios era la
única excusa que teníamos para sobrevivir.Comenzamos a vivir, a observar,
pensar y madurar, empezamos a descubrir, a llorar de verdad, a decepcionarnos y
a enojarnos no por momentos sino por una eternidad.La vida dejó de ser una
aventura de episodios nuevos y pasó a una rutina con horarios establecidos, la política comenzó a ser un tema de conversación, los gobiernos
se aprovechan de los ignorantes, las salidas se guardaron para
después y la melancolía llego esporádica mente en momentos
libres.


No hay comentarios:
Publicar un comentario