sábado, 16 de enero de 2016

De la Historia...

De las Historias…



 – Ya no duele verla, con el tipo de los argumentos vacíos y carente de las buenas ideas – Me confesó mi amigo en una salida no planeada – Esa es la frase con la que me engaño todos los días, porque en el fondo, nada ha cambiado aún, los sentimientos permanecen intactos, guardados para cuando ella pretenda venir por ellos, reservados y silenciados por un tiempo más.– Son los mismos sentimientos que revueltos con un poco de soledad, y vuelven a cobrar vida – le dije para ayudarlo.– Ya no sé si suspiro para olvidarle, o por encontrar las fuerzas que me faltan para declararle todo lo que siento, porque a pesar de tantos escritos y palabras con sentimiento que nunca logré expresarle mi amor.– Cuando el amor comienza a hacerte mal ¿Cómo lo controlas? – Me pregunté– Como quisiera saber esa respuesta, crecí con la idea que el tiempo hace olvidar los males, pero conmigo no funcionó, 5 segundos fueron necesarios para volverla a recordar. Son tantos los momentos que la he imaginado que, en este punto de la vida desconozco si me enamoré de ella o de la posibilidad de estar a su lado.Comencé a probar el arte de la mentira con mis amigos más cercanos – continuó la plática – aquellos de toda la vida, en el fondo por la confianza que me daban por si no podía, con el consumo de los tiempos, pero los episodios se volvieron a repetir, tiempo, sentimientos y decepción. Mis amigos se cansaron de escuchar las mismas historias de desamor y yo intente solucionarlo cambiando de amigos porque era más sencillo que cambiar, lo que vivía dentro, me había enamorado más de las historias inventadas, que de la realidad que me pertenecía.Ahí estábamos ellos y yo – Siguió contándome – en una plaza de la capital, para ser más contable, en la media noche, con la mirada perdida y la risa desenfrenada, compartiendo con 2 nuevos amigos y 4 desconocidos, poco a poco entrando en el ambiente con luces de todos los colores, intentando no hacer el ridículo frente a los nuevos, pero sin tener mucho éxito en el intento.
 – Soy un escritor – dije; con un poco de menos éxito que lo anterior.– ¿De verdad es un escritor? – se murmuró entre risas.– Tiene un libro – comentó mi amigo para ayudarme.Él me ofreció un lápiz color azul, yo tomé una servilleta para regalarle una firma, fue ahí donde pasamos de ser unos desconocidos, a unos desconocidos ridículos conocidos.– Me sentí mal conmigo mismo – continuó – pero me importo poco. ¿Cuántas veces, cuando era el nuevo, hacia el intento por encajar y ganar respeto frente a todos? y ahora solo soy tomado como cualquier otro de la calle, la culpa me llegó, pero ¿Qué podía hacer más que, seguir mintiendo?La diferencia entre estar borracho y estar muy borracho desapareció cuando la señorita de la barra, con traje negro, de minifalda con bordados y tacones estilo zancos nos ofreció un trago transparente que parecía alcohol metílico con un poco de hielo.Pensar que todavía quedaba una reservación en otro lugar y que ya era difícil levantarme de donde estaba, ver a mi amigo exhibiéndose sin saber si era voluntario de su personalidad o inducido por la cantidad de cervezas, y yo revisando mi celular buscando supongo una chica con quien terminar de matar mi dignidad. Como si una borrachera no fuera completa, hasta que llamas a tu ex y le dices todo lo que un día sentiste por ella.La vista me fallaba, comenzaba a duplicar a las personas, todos reían, yo reía para no desentonar el ambiente hasta que alguien, en lo poco que le quedaba de inteligencia y recato pidió la cuenta y nos fuimos del lugar.El dilema de no saber si dirigirme a casa o terminar en el tercer lugar de la noche que suponía el fin de nuestra cordura como personas sobrias que éramos unas 5 horas atrás, pero la sensatez ganó y tomamos un taxi de vuelta a casa.El taxi con su conductor y un pasajero platicaban con nosotros:– Estas, borracho – me decía mi amigo.– Aquí el único que está tomado es el conductor.Ellos reían, no sabía si de nuestros chistes o porque nos secuestrarían, ya no temía por mi vida, porque hubiera muerto como la mayoría desean, disfrutando los últimos momentos en este caso en compañía de nuestra botella de alcohol.– ¿Y qué paso después? – Pregunté– Llegué a casa sano y salvo, bueno solo salvo, con un poco de dignidad que me había sobrado del último bar y con una sonrisa que desapareció al ver la foto de ella, la chica de mis sueños acompañada con el chico de sus sueños, su amor real.Quería llorar, pero el motivo no era lo suficiente, es más, no habían, ni siquiera motivos para hacerlo, solo existían unos celos fuera de lugar y una sensación de saber que mis ilusiones tenían que llegar un día a su fin, pero no quería que fuera esa noche, no quería olvidarle solo así, sin haber luchado por ella– ¿Así te diste cuenta de la realidad? – Pregunté con mucha curiosidadObservé una por una las fotos que ambos compartían – añadió – con la melancolía de pensar que ese abrazo nunca iba a ser mío, esa sonrisa que sobresalía de la fotografía con el “¿Por qué?” bien definido fue quien me lo hizo saber.-Es tiempo de cerrar el libro de la historia que te has inventado en tu cabeza – Sugerí.-No puedo, esa noche volví a revivir los besos que no me ha dado, las caricias que no he sentido, las palabras que nunca me ha dicho, pensé en esa historia romántica que nunca iba a suceder, en la sonrisa que no me pertenecería y en el amor que no iba a nacer jamás. Él era el rostro de su felicidad, las luces de su mañana y el espejo donde se reconoce exactamente como es, muy simplemente no tenía más que hacer que sonreír y llorar por su felicidad.– ¿Qué hiciste? – Interrumpí– Le envié un mensaje de felicitación al tipo, con la idea que reconocería que me había rendido, que no sería más un problema en su relación, un texto que representaría una bandera blanca desde el centro de mi corazón, porque a pesar que no nos conocemos, nos hemos visto como enemigos de guerra que tienen un objetivo en común. Conquistarla cada día, él y yo coincidimos en gustos, pero diferimos en la situación sentimental.– Él es su felicidad y por ahora no puedes contra eso – le dije matando sus sentimientos.– Es por esa razón que ahora, estoy aquí con una resaca sentimental contándote mi historia para luego enterrarla hasta que el alcohol vuelva por ella y me ayude a revivir otra decepción de esas que solo llegan cuando sufres un amor no correspondido.Me sentí mal por él, pero no podía hacer más, que pedir la cuenta y retirarnos de aquel café donde descubrí otra historia más, de decepción.



No hay comentarios:

Publicar un comentario